Creatividad y producto

Abadía d’Espí - De Mercado

Los griegos pusieron la leyenda, pero el pueblo árabe seria quien la vio nacer dándole nombre, ‘al-kharshûf’. De su mano llegó a la península y mientras en tierras castellanas quedaría como alcachofa, en el Mediterráneo, la ya ‘haršûfa’ en hispano-árabe se convirtió en ‘carchofa’. Desde nuestras tierras surcó los mares, derivando a la italiana ‘carchofi’ haciéndose fuerte en sus campos y gastronomía, llegando a formar parte de uno de los platos más conocidos de la cocina judía romana, la ‘Carciofi alla giudia’ (Alcachofas al ‘estilo’ judío) una sería competencia a la internacional pasta italiana, y un ejemplo evidente de la diversidad cultural a través de la gastronomía.

Una riqueza culinaria que nace de la evolución, del trasiego y día a día de sus gentes, de la propia causalidad. En el caso que nos ocupa, a raíz de otros periplos viajeros, como son las vacaciones paternas. Una situación que alimentaría la imaginación de un joven frente a lo que había en la nevera cuando quedó solo. Merece la pena recordar, que de estas circunstancias surgieron algunos de los mejores platos de nuestras abuelas.

La creatividad y los gustos personales hicieron el resto, apostando un buen día por un sofrito que le diera un buen caldo, ajetes tiernos, atún, unos fideos y nuestras queridas alcachofas.

Aquel joven llamado Juan Carlos Espí había creado lo que años más tarde se convertiría en un plato icónico de su restaurante, hablamos de las famosas 'Fideadas' que se pueden degustar en sus diversas variedades en la Abadía d’Espí de Valencia. En este caso, Fideada de atún, alcachofas y ajetes tiernos. Producto fresco, de nuestros mercados o su propia huerta, cocinados en otro icono cultural de la gastronomía valenciana, la paella.


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