El Celler Gastrobar Menú de sabor y sellos inconfundibles

El Celler Gastrobar despliega desde el passeig de la Primavera de Picanya una propuesta gastronómica de alto nivel, en la que su menú ejecutivo de mediodía se ha convertido en el emblema del local: producto, creatividad y una cocina que fideliza.

 

El Celler Gastrobar ha construido una reputación sostenida en la personalidad de su cocina y en el rigor con el que trabaja su propuesta. El restaurante seduce por su ambiente sereno y agradable, pero sobre todo por una manera de entender la gastronomía donde cada plato responde a una dirección clara: la del chef Tino Aracil Tordera, responsable de una cocina que combina técnica, sensibilidad mediterránea y producto de temporada. Bajo su batuta y su sobresaliente ejecución de arroces y fideuàs, el proyecto ha logrado fidelizar a un público que acude en busca de sabor y creatividad.

 

El corazón de esta propuesta es su menú ejecutivo de mediodía, auténtica columna vertebral que se plantea como una opción equilibrada, asequible y vibrante, capaz de mostrar la esencia de la casa en cada servicio. Es, además, un espacio de experimentación controlada donde Tino ajusta matices e introduce productos según mercado, manteniendo viva la conexión con la cocina mediterránea que define a El Celler Gastrobar.

 

El formato es claro y directo: tres entrantes para compartir, un arroz o fideuà y un postre totalmente casero. Su renovación constante permite que el comensal encuentre propuestas cambiantes sin perder el hilo conductor de la casa, basado en el respeto por el producto, elaboraciones cuidadas y unos sabores que buscan impacto desde la ejecución perfecta.

Un ejemplo es la propuesta que les mostramos, compuesto por una trilogia de entrantes consistentes en una ligera crema de espinacas con polvos de jamón y un toque de queso de cabra; una edificante ensaladilla rusa con cebolla encurtida y anchoa sobre papadum; y un brioche con manzana caramelizada y foie. Hattrick de delicioso sabor. En el apartado de arroz o fideuà, la propuesta alternaba entre el pato con setas y foie, la gamba roja y uno de los grandes clásicos de la casa: arroz de secreto, alcachofa de temporada, blanquet y tuétano. De recuerdo imborrable en el paladar. Como broche, de entre el abanico de creaciones caseras, podemos hablar del cremoso tiramisú de pistacho y del goloso lemon pie.

 

Más allá del menú, la carta de El Celler amplía el repertorio creativo del restaurante, apareciendo platos como la sepia de callo con emulsión de ajo negro y lima fresca; el Pan Rock & Roll de carrilleras al curry; la coqueta de escalivada con mahonesa de ajo asado y sardina ahumada; o el pulpo a la parrilla con patata gallega al kimchee. Las célebres croquetas —de gamba roja, jamón ibérico o rabo de toro— y una selección de carnes y pescados refuerzan una oferta sólida, acompañada de una bodega generosa y bien escogida.

 

El Celler Gastrobar resume así una dirección culinaria coherente y reconocible: una cocina que convierte su menú ejecutivo en estandarte y que deja una huella memorable en quienes se sientan a su mesa.



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