15 de noviembre, Día Internacional de la limpieza del frigorífico

 

¡Alucino pepinillos! Quién no escuchó esta frase del gran Chicote al observar la higiene, o mejor dicho, falta de esta, en la cocinas que visitó en su televisivo Pesadilla en la cocina.

El bueno de Alberto Chicote hizo de esta coletilla todo un símbolo de su desacuerdo ante la suciedad reinante, y en este país, en el que tanto nos gustan las conmemoraciones, igual habría que inmortalizar este día al recuerdo de esta frase y su autor, si con ello recordamos una obligación higiénico sanitaria de obligado cumplimiento.

Muchos se tomarán este día con cierta sorna, pero no es un hecho baladí, y más en los tiempos que corren, que la limpieza del frigorífico puede ser algo fundamental para nuestra salud.

Todo parece indicar que este día se estableció en la década de los años 90 del siglo pasado, por obra y gracia de una empresa de frigoríficos estadounidense, con el fin de mejorar la durabilidad de sus productos, que también es un hecho consumado. Pero de lo que tampoco hay dudas, es de que con su limpieza, se evita de forma sustancial la contaminación que puede transmitirse a los productos que posteriormente serán cocinados, o no.

Sus microorganismos son los principales causantes de las gastroenteritis domésticas, principalmente en la edad infantil.

Según estudio de Global Hygiene Council, (Consejo Mundial de Higiene) el frigorífico es uno de los elementos con mayor índice de gérmenes en su interior, y a su vez, uno de los más olvidados a la hora de la limpieza en el hogar. Un problema, que además en tiempos de pandemia, nos obliga a concienciarnos de que un día como hoy no debe quedar en el anonimato, y más para todos aquellos que disfrutamos del buen yantar.

 

Si el buen cocinero/a se evidencia en como trata su banco de trabajo durante el desarrollo del cocinado, no podemos olvidarnos del principal electrodoméstico que está detrás de nuestros mejores platos.

 

El insigne galeno, Aranau de Vilanova, aseguraba que “La operación más breve es la que con menos instrumentos consigue el efecto pretendido” en el caso que nos ocupa, un mínimo de higiene, nos aportará de inmediato "el efecto pretendido".

Aprovechemos la efeméride, y con la excusa, desconectemos nuestro frigorífico durante unos minutos, vaciemos su interior, tiremos aquello que no nos inspire confianza, saquemos los estantes, y si no disponemos de un producto específico, recordemos que sencillamente con un poco de agua, una cucharada de lavavajillas, otra de bicarbonato, y tres de vinagre de limpieza, podremos obrar el milagro y garantizar lo más importante, la salud propia y de los nuestros.