Los riñones del Duque y el agua de Benasal

Agua de Benassal - Bebidas

 

Cuentan la leyenda que Luis José de Borbón, hijo de Luis de Borbón, Duque de Vendôme y de Laura Mancini, descendiente del rey Enrique IV de Francia, y miembro de la Casa de Borbón, era como se dice vulgarmente, un tragaldabas.

El caso es que quien fuera Mariscal de Francia durante el reinado de Luis XIV y marido de María Ana de Borbón, aunque al parecer era ‘más amigo’ de su cuñado Francisco Luis de Borbón-Conti, sufrió lo que podríamos entender actualmente como un cólico nefrítico, y algún galeno de la época le indicó que tierras adentro, había una fuente cuyas aguas podían aliviar su sufrimiento.

Dicho y hecho, Luis José de Borbón heredero al trono español en manos de su primo, el rey Felipe V de España, marchó para Benasal en busca de aquellas aguas, cuya fuente se intuye era de difícil acceso, dado que mandó abrir un nuevo camino que permitiera a su carruaje acceder cómodamente hasta la Fuente En Segures.

Las aguas de Benasal cumplieron el cometido, aliviaron al Duque durante cierto tiempo, pero quizás los milagros sólo existen cuando se evitan otros excesos, ya que el voraz noble murió en Vinaroz en 1712, según cuentan las malas lenguas, por un atracón de langostinos…

Este no impidió que desde hace más de 300 años la fama de las aguas de Benasal siguiera creciendo. En 1928 fueron declaradas oficialmente de Utilidad Pública las aguas de la Fuente En Segures, una relevancia que quedó contrastada en la década de los años 60 cuando el Dr. Puigvert, afamado nefrólogo de prestigio internacional, ratificó sus propiedades mineromedicinales.

Fecha esta la de 1928 que se guarda en la memoria de los benalenses, cuyas aguas tienen actualmente un reconocimiento internacional, y que renuevan “título” cada año desde hace una década, como mejor agua del mundo, y como reza la leyenda “Toda gran historia tiene un gran comienzo”.

Una leyenda incluida en las etiquetas de su ‘packaging’ Época Premium, etiqueta original de 1928, impresa a doble cara, y recuperada del único original que de la época sobrevive. Una botella salvada de entre los escombros, tras el funesto bombardeo de la Legión Cóndor en mayo de 1938, en el denominado como Experimento Stuka, pero esa, es otra historia.

Plaers de la Vida/J.Fontán